Mario Zavalza: 26 años construyendo alegría con la Piñata Gigante en la Colonia Echeverría

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Autlán, Jal., dic/24/2025.- En una calle de la Colonia Echeverría, donde cada diciembre se respira olor a pegamento, papel de colores y esperanza, Mario Zavalza vuelve a cumplir una promesa personal que desde hace 26 años no ha dejado de honrar: regalar alegría a los niños y a las familias de su barrio con la elaboración de la Piñata Gigante, una tradición que ya forma parte de la memoria colectiva de Autlán.

“Para mí, el 24 de diciembre es el día más bonito e importante del año”, dice con serenidad, mientras observa su obra terminada tras semanas de trabajo. No lo mueve la venta ni el reconocimiento, sino la convicción de que la Navidad debe vivirse en comunidad, en familia y con sonrisas compartidas.

La piñata —que este año alcanza entre ocho y nueve metros de pico a pico— comenzó a tomar forma desde mediados de noviembre. No es un cántaro tradicional; por su tamaño, la estructura se construye cuidadosamente a base de capas y capas de papel, un proceso que exige paciencia, técnica y experiencia. “Es riesgoso hacer algo tan grande, pero con cuidado y tiempo se logra”, explica.

Con el paso de los años, el proyecto ha crecido tanto en dimensiones como en significado. Aquella primera piñata, más pequeña y colgada de una rama de árbol, dio paso a una estructura especial: un poste metálico fabricado expresamente para soportar el peso y garantizar la seguridad durante la tradicional quebrada. Nada se deja al azar cuando se trata de cumplirle a los niños.

El interior guarda otro de los grandes atractivos: entre 60 y 70 kilos de dulces, posibles gracias al apoyo solidario de vecinos y colaboradores que cada año se suman con aportaciones. “La piñata, sin dulces, cuesta alrededor de tres mil pesos en puro material, pero todo el proyecto puede llegar a los diez mil. Gracias a Dios, nunca estoy solo; siempre hay quien aporta”, reconoce con gratitud.

Mario se dedica a la laminación y pintura automotriz, oficio que nada tiene que ver con la cartonería, pero al que le roba tiempo cada año para cumplir con esta tradición. Su familia también juega un papel fundamental: hijos y parientes participan en la decoración, en los detalles finales, sin quejas ni condiciones. “Siempre me apoyan, y eso me llena de orgullo”, afirma.

Aunque la Piñata Gigante está reservada exclusivamente para la Nochebuena, durante la temporada decembrina Mario también elabora piñatas más pequeñas que dona para posadas comunitarias, iglesias y convivencias infantiles, extendiendo la alegría más allá de su colonia.

El evento no distingue edades. Aunque está pensado principalmente para los niños, adultos mayores, vecinos sin hijos pequeños y visitantes de otras colonias se dan cita año con año en la Calle, Luis G. Urbina #192, a unas cuadras atrás de Materiales Castellón, cerca del jardín Carlos Santana, donde la piñata se convierte en punto de encuentro, abrazo colectivo y recuerdo compartido.

“Lo que quiero es que las familias se unan, aunque sea un día al año, que estén contentas”, expresa. Su mensaje es sencillo, pero poderoso: unidad, felicidad y convivencia, valores que en tiempos actuales cobran un significado aún mayor.

Así, sin reflectores ni escenarios oficiales, Mario Zavalza ha logrado durante más de dos décadas algo que pocas tradiciones consiguen: convertir un acto sencillo en un símbolo de identidad barrial, demostrando que la Navidad también se construye con manos humildes, voluntad firme y un corazón dispuesto a compartir.

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