Por: Mtro. Juan Luis Garay
Jalisco ha inaugurado una nueva era de la visión política y la percepción de la realidad que vivimos los jaliscienses: el gobierno naranja ha logrado que un ciudadano pueda estar, al mismo tiempo, colgado de la puerta de una “camioncito” y, mentalmente, pidiendo un latte de 7 dólares en la Gran Manzana en Nueva York. Todo gracias a la magia de la tarjeta “Al Estilo Jalisco”.
Esta tarjeta que es un ofertón que nadie en Jalisco pidió, pero en la narrativa oficial es digna de un premio de ventas en una estafa piramidal. Primero, el Gobierno “regala” a los usuarios del transporte público en la zona metropolitana y algunos otros municipios en el interior del estado un tarifazo de 14 pesos que porque el mantenimiento de las unidades, dicen, es carísimo, aunque muchas sigan oliendo a humedad y tengan asientos de colección arqueológica. Luego, como un acto de misericordia infinita, nos dicen que sí usamos su plástico naranja, el precio baja a 11 pesos y otros precios más según sean los casos.
Ante esto el gobierno de Jalisco usa la lógica del verdugo bondadoso: te quita los zapatos, pero te vende los cabetes a mitad de precio para que no camines descalzo. Se les olvida que el “ahorro” es, en realidad, solo el retorno a la tarifa que ya era pesada para el bolsillo antes de que decidieran que la movilidad era un negocio de lujo.
Pero la joya de la corona, el momento en que la realidad superó a la comedia, fue la intervención del “flamante” gobernador Pablo Lemus. Con la soltura de quien no ha esperado nunca un camión, nos recordó que esta tarjeta es de “clase mundial”. Tan mundial, que podrías usarla para comprar un café en Nueva York.
Es una visión increíble. Imagine usted a Doña Chenchita, que sale a las 5 de la mañana de Tlajomulco para trabajar en Zapopan, preocupada porque el transbordo no se le pase de tiempo, pero consolada con el pensamiento de que: “Si por un azar del destino terminara hoy en Nueva York, ¡este plástico naranja la saca del apuro a la hora de comprar un café!”.
La desconexión es tan profunda que raya en lo patológico y que espero no sea una de las razones del por qué MC no gobierna Autlán. Hablar de Nueva York a una población que padece unidades que parecen batidoras donde el viaje incluye un tratamiento gratuito de cervicales, frecuencias de paso fantasmales con rutas que aparecen solo cuando la luna está llena y cajeros que no dan cambio, ese impuesto involuntario de 50 centavos que el Gobierno recolecta “por error” y que sumado ya pagaría varios rascacielos en Manhattan.
El “Estilo Jalisco” parece ser eso: una fachada naranja brillante, un eslogan pegajoso y una desconexión total con el hecho de que la gente no quiere tarjetas internacionales, quiere llegar a tiempo y con dinero suficiente para la cena.
Para la élite naranja, no solo del centro del estado sino en otros municipios de Jalisco el transporte público es un concepto abstracto que se ve bien o escucha bien en los anuncios publicitarios. Para el resto, es la lucha diaria por la dignidad.
Pero no nos quejemos; al menos ya sabemos que, si la fila del camión está muy larga, siempre podemos tomar un vuelo directo a Nueva York y usar esa tarjeta para ahogar las penas en cafeína extranjera.


