Por: Mtro. Juan Luis Garay
Amable lector, en esta columna más que dar opiniones políticas sobre el momento que experimentamos los jaliscienses debido a los hechos de violencia vividos el pasado fin de semana, me permitiré compartir con ustedes una visión personal construida a partir de mi formación profesional y al intercambio de experiencias con personas que han pasado por momentos y situaciones similares a las que como comunidad autlense tuvimos.
Esta visión contempla elementos descritos de manera simple y concreta acerca de cómo poder ayudar a las personas, pero sobre todo a los niños para que salgan de este trance de una manera ordenada y desde luego con una visión positiva hacia el futuro.
El primer paso para que una sociedad salga del bache emocional que causan eventos como los vividos el pasado fin de semana es la validación de la experiencia. Pues debemos asumir que el miedo no se supera ignorándolo, sino procesándolo.
Para esto presento los siguientes pasos que, si bien son redactados sin tanta profundidad, su simpleza puede facilitar su comprensión y ejecución.
1- Necesitamos generar espacios de memoria y diálogo: estos espacios si bien no logren ser comunitarios o con víctimas, en familia podemos narrar lo vivido. De esta manera evitaremos que el silencio se convierta en el mejor aliado del trauma.
2- Necesitamos recuperar del espacio público: Una calle vacía pertenece al miedo. Una calle con arte, mercados y deporte pertenece a la comunidad. Rehabilitar parques y plazas es un acto político de resistencia contra la sombra de lo indebido. y
3- Necesitamos fortalecer la salud mental comunitaria: este punto consiste en desestigmatizar la terapia. Los distintos órdenes de gobierno deben impulsar con los medios a su alcance brigadas psicológicas que den apoyo emocional de tal forma que sean tan prioritarias como la reconstrucción de infraestructura.
El segundo paso consiste en educar para la vida, no para el “éxito” inmoral, lo que trae consigo entender que el desafío más grande reside en las nuevas generaciones. En entornos donde un “persona” es vista como un héroe por su poder adquisitivo, la educación debe ser disruptiva, es decir, no basta con enseñar matemáticas; hay que enseñar ética de la consecuencia.
Para ello les comparto las siguientes estrategias para blindar el futuro de los niños:
• Desmitifiquemos al “Dinero Fácil”: Es vital mostrar la realidad detrás de la vida fuera del orden legal: la brevedad de la vida, el dolor causado a otros y la soledad final. Hay que contrastar el éxito efímero e inmoral con la estabilidad de la integridad.
• Fortalezcamos al Pensamiento Crítico: debemos enseñar a los niños a cuestionar las narrativas de poder con preguntas constates como cuestionarles si ¿Es realmente “valiente” quien usa la fuerza para someter, o quien trabaja para construir?
• Construyamos Modelos de Rol Alternativos: La educación debe saturar el imaginario infantil con figuras de éxito real: científicos, emprendedores sociales, artistas y líderes comunitarios que hayan prosperado sin cometer delitos.
• Fortalezcamos la Educación Socioemocional: Un niño que sabe gestionar su frustración y tiene empatía es mucho menos propenso a ser reclutado por grupos que lucran con el resentimiento social.
En mi imaginario, estos simples pasos ayudarán ampliamente a nuestros niños ayudándoles a entender que la vía de lo inmoral suele presentarse como un atajo ante la falta de oportunidades y que para conseguirlas debemos entender que la reconstrucción social no solo es un tema de valores, sino de justicia social.
Para que un niño elija el camino del bien, debe creer que ese camino realmente conduce a alguna parte.
La paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de una cultura que valora la vida por encima del poder. Sanar es posible, pero requiere la valentía de mirar las heridas de frente y la paciencia de sembrar una ética que no se rinda ante la primera tentación.


