Por: Mtro. Juan Luis Garay
En la antigua Roma, el “pan y circo” era el sedante para un pueblo con hambre. En los municipios de las regiones Sierra de Amula y Costa Sur de hoy, la receta romana se ha perfeccionado con un cinismo preocupante: ya ni siquiera hay pan para todos, pero el circo nunca se detiene.
Mientras las administraciones actuales se desviven por colgarse medallas en inauguraciones de relumbrón, conciertos masivos y torneos de fútbol, el bienestar de las familias más vulnerables se desvanece tras las luces del escenario.
Es indignante observar cómo el presupuesto público, ese dinero que emana del esfuerzo de cada ciudadano se utiliza como si fuera una caja chica para relaciones públicas.
Se privilegia la obra que “se ve” en la foto de Facebook: el parque pintado, la calle principal remozada y el evento deportivo de talla mediática. Pero, ¿qué pasa cuando se apagan los reflectores?
Lo que queda es la realidad cruda que el “circo” intenta tapar:
¿Y cómo se evidencia esto? Por que a simple vista se observan colonias en el olvido: Mientras se gasta en pirotecnia y templetes, hay sectores en la periferia de las cabeceras municipales que siguen lidiando con servicios de agua potable deficientes y un sistema de recolección de basura que parece más un favor que una obligación gubernamental, sumado a ello para los sectores más pobres, la política social se ha reducido a la entrega clientelar de apoyos simbólicos, mientras el desarrollo económico real, el que genera empleos dignos y saca a la gente de la pobreza está ausente de la agenda.
Bajo esta perspectiva se deduce que las prioridades de este tipo de gobiernos municipales están invertidas. Es decir, cuando un gobierno que gasta más energía en organizar la próxima cartelera de espectáculos que en resolver la crisis de infraestructura y seguridad es un gobierno que ha renunciado a gobernar para dedicarse a entretener.
Privilegiar el fútbol y los conciertos por encima de combatir problemas urgentes como el de brindar a la población servicios básicos de calidad no es un error de logística; es una decisión política deliberada. Se busca anestesiar la crítica ciudadana con entretenimiento efímero para que nadie pregunte por qué los problemas de fondo como la falta de oportunidades para los jóvenes o el abandono de los servicios básicos siguen intactos años tras año.
“No se puede comer de los aplausos, ni se puede vivir de la nostalgia de una fiesta patronal o un partido de fútbol cuando el refrigerador cuesta llenarlo y las calles fuera de los primeros cuadros de las cabeceras municipales aparte de inseguras están destruidas por la falta de mantenimiento”
Los municipios de la Costa Sur y los de la Sierra de Amula son mucho más que su feria tradicional o sus canchas. Son comunidades con historia, con capacidad crítica y, sobre todo, con necesidades urgentes. No se debe permitir que el “relumbrón” nos ciegue. El desarrollo integral no llega con el último resultado de un encuentro de fútbol o con cuántos conciertos serán gratuitos en las ferias de los pueblos, llega con políticas públicas serias, transparencia en el gasto y una mirada puesta en aquellos que no tienen voz en los palcos de honor.
Es hora de que la sociedad empiece a exigir que el presupuesto deje de ser el juguete de los políticos en turno y se convierta en la herramienta de transformación que los municipios merecen. El circo debe terminar; la gestión pública debe comenzar.


