Movimiento Ciudadano Autlán: 14 años de fracaso

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Por El Centinela

Este viernes 23 de enero, Movimiento Ciudadano en Autlán anunció una “nueva dirigencia” (las comillas no son un capricho). En realidad, se trata de los mismos grupos de siempre, los mismos apellidos y las mismas prácticas que durante más de una década han demostrado una cosa con claridad: NO SABEN, NI QUIEREN CONSTRUIR UN PROYECTO POLÍTICO AUTÉNTICAMENTE “CIUDADANO”.

MC llegó alguna vez al poder en Autlán como resultado de un fenómeno político excepcional, cuando todavía se presentaba como una opción progresista (entonces aliados del expresidente López Obrador). Aquel episodio, encabezado por un gobierno hoy recordado más por sus sombras que por sus logros, quedó atrás. Solo quedó su expresidente (Salvador Álvarez), a quien se le ha señalado de enriquecimiento a costa del pueblo, y su equipo, poco que aún sobrevive en la memoria del pueblo de Autlán, no fue producto de una visión transformadora, sino de las viejas prácticas: recursos bajados desde el Congreso y repartidos como botín político.

Han pasado más de TRECE AÑOS desde aquel triunfo, dos sexenios completos, Y EL BALANCE ES DEMOLEDOR: derrotas electorales, cuadros desperdiciados, militancias fracturadas y una dirigencia local que ha sido incapaz de renovarse, no por falta de recursos ni de posiciones (que las han tenido), sino por la mediocridad de quienes han encabezado el partido en el municipio. Dirigencias recicladas, llegadas incluso de otros partidos, representantes de la vieja casta política que se dice “nueva”, mientras reproduce los vicios de siempre.

El problema de MC en Autlán no es ideológico; es ético y estructural: UN COTO DE PODER CERRADO, que se disputa entre sí las migajas de la representación en los pocos puestos que pueden alcanzar; que ve la política como acceso a nóminas y cargos, y que concibe al gobierno como un espacio para pagar favores. Poco importan la militancia, los simpatizantes o quienes han caminado campañas con convicción: se les utiliza y se les desecha. La “ciudadanía” es solo discurso; el reparto interno del “botín” de nóminas, la práctica.

Basta revisar los últimos procesos electorales, desde 2015 a la fecha, para entenderlo: no hay claridad, no hay proyecto ganador y no hay vocación de gobierno. La ambición desmedida entre grupos internos ha sido siempre su principal enemigo; se destruyen entre ellos antes de siquiera pensar en gobernar para la gente. Y eso no provoca burla, provoca preocupación. Vale la pena reflexionarlo… ¿Porque pensar que un proyecto que no puede ordenar su casa puede gobernar un municipio? (Dicho esto, barbas a remojar en otros frentes guindas).

Mientras tanto, en las dependencias del Estado, el patrón se repite: dependencias llenas de amigos, parientes y cuotas políticas; “puertas giratorias” que le ponen al dinero público para enriquecer a los cuates… y claro, pedirles sus cuotas. Una lógica donde el cargo se convierte en trampolín y el presupuesto en negocio. Esa es la escuela que hoy pretenden replicar en Autlán.

A quienes celebran con entusiasmo esta nueva “toma de protesta” de la “nueva” Coordinación, conviene decirlo con franqueza: no hace falta mirar tan lejos ni tan atrás; basta mirarse de frente entre ustedes que están ahí y reconocer que no han sido capaces de construir un proyecto honesto, serio y comprometido con el bienestar del pueblo de Autlán; que los espacios que han tenido los han administrado con simulación y opacidad; que toda su historia reciente es una cadena de fracasos políticos y éticos.

Esta “nueva” dirigencia no es un nuevo comienzo; es, todo parece indicar, una raya más al historial de intentos fallidos de una clase política que confundió la política con el negocio y la ciudadanía con un eslogan. Autlán merece algo distinto y, por ahora, Movimiento Ciudadano ha demostrado que no puede, ni quiere, serlo.

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